Sistema digestivo

Por qué ocurren los cálculos biliares y cómo prevenirlos

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Por Tomás Vicente
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Puntos Clave

  • La vesícula es un pequeño órgano que se encarga de almacenar la bilis que secreta el hígado, para liberarla cuando consumimos alimentos y así lograr una correcta digestión.
  • Cuando los niveles de bilirrubina o colesterol son elevados, la bilis es insuficiente para disolverlos y tiende a endurecerse, formando cristales y a la larga dolorosos cálculos.
  • Para no correr riesgos bajo esta afección, se debe modificar la alimentación e incorporar más alimentos ricos en fibra y antioxidantes, a la vez que se eliminan los alimentos grasos.


La vesícula es un pequeño órgano que se encuentra debajo del hígado.

Se encarga de almacenar la bilis que secreta el hígado, para liberarla cuando se consumen alimentos, y así lograr un correcto proceso digestivo.

Cuando este fluido digestivo se endurece, puede formar depósitos llamados cálculos biliares, que pueden ser pequeños (del tamaño de un grano de arena) o grandes (casi una pelota de golf).

Aquí te contamos todo sobre esta afección y qué precauciones debes tomar desde la dieta para no correr ningún riesgo.

¿Por qué aparecen los cálculos biliares?

En muchos casos los cálculos o piedras biliares no causan síntomas y pasan desapercibidos. Sin embargo, pueden llegar a alojarse en el conducto pancreático o colédoco, y provocar:

  • Dolor de espalda.
  • Dolor en el hombro.
  • Dolor repentino y que se intensifica rápidamente en la parte derecha superior o central del abdomen
  • Náuseas o vómitos.

Este malestar puede durar entre algunos minutos hasta varias horas. Deberás consultar a un médico si el dolor es tan intenso que no te permite lograr una posición cómoda, presentas fiebre con escalofríos o padeces ictericia, es decir, color amarillento en la piel o en la esclerótica (membrana blanca del ojo).

Actualmente, no está claro cuál es el origen de los cálculos biliares, aunque las causas más comunes son:

  • Demasiada bilirrubina: esta es una sustancia que se produce cuando se destruyen glóbulos rojos. Puede ocurrir por diferentes motivos, generalmente enfermedades asociados al hígado, como cirrosis hepática, aunque también puede deberse a infecciones de las vías biliares.
  • Demasiado colesterol: la bilis es capaz de disolver el colesterol que libera el hígado (gracias a su composición química). Sin embargo, cuando este se presenta en grandes cantidades, la bilis no puede descomponerlo, por lo que el colesterol se acumula en la vesícula, forma cristales y a la larga cálculos.
  • Problemas en el vaciado de la vesícula: cuando el vaciado de la vesícula no se produce por completo o es insuficiente, se puede acumular bilis y contribuir a la formación de cálculos.

Aunque todos podemos sufrir cálculos biliares, quienes tienen más riesgo son:

  • Adultos mayores de 40 años.
  • Latinos.
  • Mujeres.
  • Mujeres embarazadas. 
  • Personas con antecedentes familiares de cálculos biliares.
  • Personas con diabetes.
  • Personas con enfermedad hepática.
  • Personas con sobrepeso u obesidad 
  • Personas con trastornos sanguíneos. 
  • Personas que consumen medicamentos con estrógeno, como anticonceptivos orales o fármacos para terapia hormonal.
  • Personas sedentarias.

Otro aspecto clave es la alimentación. Los profesionales vincularon una mayor incidencia de cálculos biliares entre las personas que tienen dietas ricas en grasas, colesterol a la vez que son bajas en fibra.

Veamos qué alimentos debes incluir en la dieta si tienes cálculos biliares y cuáles debes limitar o evitar:


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Alimentos permitidos

Se aconseja optar por alimentos que sean ricos en fibra y antioxidantes, ya que favorecen la digestión de las proteínas y grasas, promueven la eliminación de toxinas, equilibran la flora intestinal y estimulan una buena digestión. Puedes recurrir a:

  • Carnes con poco o nada de grasa, como chuleta, lomo, o solomillo de cerdo o ternera, y pechugas de pollo.
  • Cereales, como avena o quinua
  • Frutas (con moderación), preferentemente madura, en compota o puré.
  • Huevos.
  • Lácteos y sus derivados, pero desnatados.
  • Pescado blanco, como bacalao, lubina o merluza.
  • Semillas, como ajonjolí, chía, girasol o linaza. 
  • Vegetales y hortalizas en general, siempre y cuando los prepares cocidos, puesto que son más fáciles de digerir.

Además de incluir este tipo de alimentos, es importante respetar las tres comidas y dos tentempiés entre ellas, controlar el tamaño de las porciones y no pasar mucho tiempo sin comer.

También debes hidratarte correctamente, bebiendo entre 2 y 2 ½ litros de agua al día.

Alimentos dañinos

Debes evitar aquellos alimentos o bebidas que dificultan el proceso digestivo, a la vez que favorecen la producción de colesterol y bilirrubina que la bilis no puedes disolver. Entre ellos hallamos:

  • Bebidas alcohólicas.
  • Café.
  • Carne grasosa. 
  • Comida picante o muy condimentada. 
  • Dulces y chocolates.
  • Embutidos.
  • Escabeches o conservas. 
  • Frituras.
  • Frutas ácidas, como los cítricos, la desecada y confitada. 
  • Grasas en general. 
  • Infusiones fuertes o ácidas. 
  • Lácteos y sus derivados.
  • Panificados.
  • Pastas.
  • Pescado azul, como anchoa, atún, salmón o sardina.
  • Refrescos y gaseosas.
  • Vegetales crudos.

Cómo disminuir las grasas en la dieta

Además de restringir o evitar ciertos alimentos, puedes seguir estos consejos para disminuir la presencia de grasa en tu alimentación:

  • Intenta reemplazar la fritura como método de cocción, en su lugar puedes optar por asar, hervir, hornear o preparar al vapor.
  • Lee las etiquetas de los productos que consumes, para conocer su contenido graso y saber si poseen saborizantes o conservantes que pueden ser perjudiciales.
  • Reemplaza parte de las porciones de carnes por opciones fáciles de digerir, como vegetales cocidos.
  • Retira el exceso de aceite de tus platillos o reemplázalo por aerosol para cocinar. También puedes incorporar el hábito de medir el aceite que vas a usar (se aconseja una cucharada por persona) en lugar de verterlo directamente sobre la preparación. 
  • Si no tienes carne magra, intenta retirar la mayor cantidad de grasa posible.

Para recordar:

Hasta contar con evidencia científica significativa proveniente de ensayos en humanos, las personas interesadas en utilizar terapias a base de hierbas y suplementos deben tener mucho cuidado.

No abandones ni modifiques tus medicamentos o tratamientos, antes habla con el doctor sobre los potenciales efectos de las terapias alternativas o complementarias.

Recuerda, las propiedades medicinales de las hierbas y suplementos también pueden interactuar con los fármacos recetados, con otras hierbas y suplementos, e incluso alterar tu dieta.

Fuentes consultadas: Base Exhaustiva de Datos de Medicamentos Naturales, Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU., Clínica Mayo, Departamento de Agricultura de EE. UU., Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales, Instituto Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa.