La verdad está en la etiqueta

Por Carola Sixto, Editora DrTango, Inc.
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La otra cara de los alimentos


Más de la mitad de los consumidores estadounidenses leen las etiquetas con la información nutricional cuando compran un producto por primera vez, conscientes de que es fundamental para la dieta o la prevención de enfermedades cardíacas. Así lo demostró un estudio realizado por la Administración de Alimentos y Drogas (FDA, su sigla en inglés).
Además, el 64% de los americanos buscan la información nutricional en los menúes, servilletas y manteles, cuando van a un restaurante.
A pesar de ello, no siempre las personas confían en los datos de las etiquetas. Muchos consumidores son escépticos a los productos “reducidos en grasa”, con “mucha fibra” o “libres de colesterol”.
Aún así, los consumidores quieren saber la cantidad de calorías que tienen los alimentos, así como la proporción de sal, vitaminas y grasa que contienen los productos.
“La etiqueta del alimento les da a los consumidores el poder de comparar alimentos rápida y fácilmente, de manera que pueden juzgar por ellos mismos cuáles productos se adaptan mejor a sus necesidades alimenticias”, explica Barbara Schneeman, Ph.D., directora de la Oficina de Nutrición, Etiquetas y Suplementos Alimenticios de la FDA.  
Aprender a leer la etiqueta
Para quienes nunca lo hicieron, la lectura de la etiqueta puede resultar un poco engorrosa. En especial, porque al ver tantos valores, es difícil darse cuenta de cuáles son los indicadores más importantes. Los expertos en nutrición recomiendan leer las etiquetas en este orden:

1º) Medida y cantidad de porciones (serving size, en inglés): Los valores que se detallen a continuación, corresponden a una porción. Por lo que si en el envase vienen dos porciones, habrá que duplicar la cantidad de nutrientes de la etiqueta.

2º) Calorías: Es fundamental recordar que la cifra detallada corresponde a la cantidad de calorías que posee cada porción. En líneas generales, se considera que:
• 40 calorías es bajo
• 100 calorías es moderado
• 400 calorías o más es alto

3º)  Nutrientes: Hay dos grupos de nutrientes: los que hay que evitar y los que conviene consumir. Entre los que hay que limitar, se incluyen las grasas totales, grasas saturadas, grasas trans, colesterol y sodio. Entre los nutrientes que se sugiere ingerir suficiente cantidad, se encuentran las fibras, las vitaminas A y C, el calcio y el hierro. La fibra puede ayudar a disminuir el riesgo de contraer una enfermedad cardíaca y algunos tipos de cáncer. Por su parte, el calcio contribuye a tener huesos sólidos y previene la osteoporosis.

4º) Notas sobre cantidades diarias: Al final de la etiqueta, se aclaran los índices recomendados por día, basados en una dieta de 2000 y de 2500 calorías diarias. En las notas que se encuentran al final, se suele indicar si se trata del “límite superior”, “límite inferior” o “comer menos que…”.  En el caso de las grasas, generalmente se aclara cuánta cantidad es la máxima recomendada, mientras en el caso de las fibras, se suele expresar que “por lo menos” hay que comer determinada cantidad por día.


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5º) Porcentajes diarios: Basados en una dieta de 2000 calorías, ayudan a determinar si la porción tiene muchos o pocos nutrientes. Si la etiqueta dice que posee 5% o menos, es poco; mientras que si tiene 20% o más, es mucho, si se tiene en cuenta que es el porcentaje de una sola comida.

Más allá de que un alimento sea sabroso o no, cada producto tiene otra cara: la etiqueta. Es allí donde está toda la verdad. Y nada mejor que saber la verdad, para cuidarnos.


Fuente: “How to understand and Use the Nutrition Facts Label” publicado en www.fda.gov