Remedios caseros

¿Quieres dientes blancos? Prueba con fresas

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Por vmerlo@holadoctor.net
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Mostrar una sonrisa con dientes blancos que sea la envidia de todos no es algo costoso e imposible de lograr, la solución podría estar en tu alacena. En la naturaleza existe un puñado de alimentos que te pueden ayudar a blanquear la dentadura sin dañar el esmalte. Un recurso muy eficaz para conseguirlo son las fresas.



Además de ser muy popular en la repostería para la elaboración de mermeladas, jaleas y helados, la fresa resulta altamente beneficiosas para nuestra dentadura. Contienen una enzima conocida como ácido málico, un agente con acción astringente que actúa como blanqueador natural, ayudando a eliminar las manchas amarillas de la superficie de los dientes.

Además, estimula la producción de saliva, lo que ayuda a reducir las bacterias y promover una mejor higiene bucal y unos dientes y encías más saludables. El ácido málico se encuentra en muchos vegetales y frutas, sobre todo en alimentos agrios o ácidos de sabor como la fresa.

Simplemente tienes que moler algunas fresas hasta lograr una pasta y frotarla sobre tus dientes con suavidad. Deja reposar por unos minutos y luego enjuaga con abundante agua para eliminar cualquier residuo y ayudar a que el color amarillo desaparezca paulatinamente.

Otra receta es mezclar la pulpa de la fresa con media cucharadita de bicarbonato de sodio. Aplica sobre los dientes y deja que repose unos minutos. Enjuaga y lavar tus dientes de la manera habitual. Repite una vez por semana.


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Natural Medicines, empresa de investigación internacional sobre medicina alternativa, refiere que la gente toma fresa para una gran variedad de afecciones que incluyen la diarrea, el movimiento lento del intestino, las enfermedades del hígado, la piel amarillenta (ictericia), el dolor e hinchazón (inflamación) del revestimiento de las vías respiratorias, la gota, la artritis, la tensión nerviosa, la retención de líquidos (edema), los problemas renales que involucran piedrecillas y cálculos, la fiebre, los sudores nocturnos y la “sangre cansada” (anemia).

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